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Historia del Palacio de la Moneda

En 1780, el Gobernador Agustín Jáuregui propuso construir un edificio la acuñación de moneda buscando reemplazar el existente en ese entonces. El elegido para realizar el proyecto fue el arquitecto romano Joaquín Toesca y Ricci, quién tenía a su haber la participación en las numerosas obras públicas realizadas por el monarca español Carlos III.

Toesca determinó que el sitio más apto para construir el edificio era el del Colegio Carolino, conocido entonces como el solar de los Teatinos. De esta forma, en 1784 comenzaron las obras y al año siguiente empezaron a llegar los materiales requeridos: cal de la hacienda Polpaico; arenas del río Maipo; piedras coloradas de la cantera del cerro San Cristóbal; piedra blanca del Cerro Blanco; madera de roble y ciprés de los bosques valdivianos; cerrajería y forja española de Vizcaya; y 20 variedades de ladrillos horneados en Santiago para la construcción de dinteles, esquinas, pisos, molduras, y de los sólidos muros de más de un metro de espesor. Toesca no pudo ver terminada su obra, pues murió en 1799. Continuó su labor el ingeniero militar Agustín Cavallero. En 1805 y faltando algunas terminaciones, el Gobernador Luis Muñoz de Guzmán dio por inaugurada la Real Casa de Moneda de Santiago de Chile, considerado por algunos especialistas como el mejor y más armonioso edificio civil de la América Colonial.

De un estilo neoclásico puro y con influencias del dórico romano, el edificio es un volumen horizontal que en virtud de su composición rectilínea transmite fuerza y estabilidad. Orienta su fachada principal hacia la calle Moneda, y sus dependencias, -alhajadas rica pero sobriamente- se distribuyen a lo largo de ejes transversales y longitudinales que dan lugar a diversos patios, fuentes de luz y serenidad. En 1846, a instancias del Presidente Manuel Bulnes, el edificio se convirtió en residencia presidencial y sede del gobierno, si bien hasta 1922 se realizaron en él labores de acuñación. El inmueble ha sido objeto de diversas modificaciones a través de los años, introducidas por los diversos mandatarios.

El entorno de La Moneda fue objeto de una gran remodelación a partir de 1930, que dio realce a su fachada sur, constituyó las plazas en ambos frentes y rodeó al Palacio de austeros edificios destinados a albergar instituciones públicas. La última gran restauración que se le hizo fue motivada por la penosa destrucción de que fuera objeto a raíz del golpe militar de 1973. Estuvo a cargo de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y culminó en 1981; buscando restituir plena vigencia a la concepción original de Toesca. El Palacio conserva hoy el estilo, fuerza y armonía que le imprimiera su artífice. Ello, unido a las funciones que ha cumplido, hace de este edificio un inmueble con gran valor patrimonial.

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